Bantú, un amor sin explicación.

Hola, mi nombre es Tshidi. Soy lo que se dice una mujer de bien. Trabajo en un estudio de doblaje adaptando diálogos, y también me dedico a cantar, y actuar. Pero mi pasión más grande, es la de estudiar a los grandes gorilas, o como me fascina llamarlos, a nuestros parientes más cercanos y ancestrales. Un día, estaba trabajando en mi estudio, adaptando diálogos al zulú de una película sobre animales salvajes. En eso tocan la puerta. Era James Clayton, mi compañero de estudios primatológicos. De inmediato dejo mi trabajo y abro la puerta. Tshidi, Te tengo una tarea, me dijo James. ¿Tarea de que? Le pregunté, algo confundida. James inmediatamente me hizo una seña para que lo siga. Cerré la puerta de mi estudio y lo seguí. ¿Será algo peligroso? No, Tshidi. No lo será. Quizá sí lo sea, pero, no lo será tanto si vamos preparados, me dijo. En la calle nos encontramos con Lungelo Mhlongo y Siyabulela mukiza, quienes durante todo el tiempo que llevábamos estudiando primates iban con nosotros a las excurciones, a los viajes y siempre nos ayudaban a rescatar simios de zoológicos. Con Lungelo era con quien yo me llevaba mejor, era parecido a mí en la forma de pensar y, además, le encantaba esa sensación de victoria cuando rescatábamos algún chimpancé, algún orangután o algún gorila. Tshidi, me dice Siyabulela mirándome con un rostro algo desfigurado. Tshidi, nos han llamado desde la Save gorillas foundation para que rescatemos a, No le digas aún, lo haré yo, cortó James en seco. Tshidi, te diré cuando lleguemos. James me estaba guardando algo, pero por su rostro me hacía saber que era algo de lo que íbamos a salir bien. Unas horas más tarde ya estábamos en el aeropuerto. ¿Qué rayos hacemos aquí? Les pregunté a James y Siyabulela. Ya te diremos, me dijo James sonriente. En eso se escuchó una voz. James Clayton, Dijo. James enseguida atendió al llamado. Ya es hora, me dijo. Al cabo de un rato, James, Siyabulela, Lungelo y yo estábamos tomando un vuelo. Ya estábamos sentados en nuestros asientos cuando Lungelo se me acerca y ahora sí me dice. Tshidi, nos han llamado de la Sabe Gorillas foundation para que rescatemos a Bantú, un gorila que está en cautiverio en México. ¿En México? Le pregunté a Lungelo con una mirada muy triste y confundida. Sí, México, me dicen James y Siyabulela a coro. Necesita nuestra ayuda, me dice Lungelo tocándome el hombro. En eso, Yo me echo hacia atrás, e imaginando a aquel gorila encerrado dejo caer unas lágrimas, que caen curiosamente sobre la mano de James, quien estaba a mi lado. ¿Qué pasa, querida? Me pregunta Lungelo volviéndose hacia mí. No puedo ver a un gorila así, les digo a James y Lungelo llorando. En eso se acerca Siyabulela. Ya hemos rescatado grandes simios en cautiverio, y siempre has sido fuerte. Ahora tienes que ser más fuerte aún. Lungelo me abraza. En eso, desde el avión dicen. En unos momentos más estaremos aterrizando en la ciudad de México. Al oír eso, mi inmediata reacción es tomar la mano de James de un lado y la de Siyabulela del otro. Tranquila, Preciosa Tshidi, me dice Lungelo que estaba detrás de mí. Después de un rato, ya nos encontrábamos los cuatro en el aeropuerto mexicano, donde al llegar nos reciben Kala Magudulela y Brenda Mkhize, quienes dirigen la Sabe Gorillas foundation. Tshidi, me dice Kala acercándose. Tshidi, James, Lungelo, Siyabulela, síganme, Dice Kala. La seguimos muy nerviosos. Yo tomada de la mano de James, atrás nuestro iban Lungelo y Brenda, después, a lo último, Kala y Siyabulela. ¿Será peligroso? Pregunto a Brenda que iba detrás. Ella me mira. No, creo que no, si podemos hacer todo rápido, me dice con una voz muy segura. Seguimos caminando así por un largo rato hasta que yo veo un cartel que me llama la atención. Me detengo y leo. Zoológico de Chapultepec. ¡Aquí es! Dicen Kala y Brenda a coro. Allí nos esperaba Jane Smith, quien nos ayudaría con el rescate. Jane querida, dice Kala. Te estábamos esperando. Jane Smith era una primatóloga que trabajaba en la save gorillas foundation desde ya hacía muchísimo tiempo.
Chicos, tenemos que hacer todo esto sin que los cuidadores se enteren, dice Jane susurrando. Ellos no están de nuestro lado, añade. en eso, Kala, Brenda, James, Siyabulela y Jane trazan el astuto plan. Todo listo, dice Jane. Todos asienten. Tshidi, ahora volvemos. A nuestra señal, tu harás lo que Siyabulela te diga, ¿De acuerdo? dice James. Está bien, le respondo muy nerviosa. En eso todos se van, ahí solo quedamos Lungelo y yo, que estábamos esperando muy nerviosos. ¡Me pregunto qué rayos estarán haciendo! Susurro. No lo sé, Querida. Me responde Lungelo. Pasaron unos largos minutos durante los que lungelo y yo esperamos ansiosamente. En eso, James y Siyabulela llegan llevando a un gorila que parecía estar amarrado a una cadena, y que miraba a todos con un rostro muy triste y estresado. Él es, Bantú, susurra Siyabulela. Lo primero que hago es mirarlo a los ojos. Oh por el amor de dios, susurro mirando la cadena que ataba las manos de Bantú. Tenemos que irnos de aquí, dice lungelo. Irnos, susurra Brenda. Irnos para que nadie nos vea, nadie aquí está de nuestro lado, dicen Jane y Kala a coro. ¡A correr! Dice James, y todos corremos a casa de Jane. De inmediato, entramos, llevando al angustiado gorila, que intentaba contener el llanto mientras sentía que su pecho estaba apretado por algo. Ya en casa de jane, me acerco a Lungelo. ¡Está partido! Le susurro. Tengo que ayudarlo. Tenemos que ayudarlo, entre todos para que esté plenamente otra vez, dice james. Mi primer impulso es acercarme y tocar el hombro del gorila. Estás bien, le susurro mirándolo a los ojos, unos ojos marrones muy profundos. Él me mira, muy triste y cae de espaldas al suelo. De inmediato siento su respiración, que estaba muy agitada. No está nada bien, dice Brenda. ¡Ya veo el problema! Dice siyabulela mirando al gran simio. Todos nos acercamos, y en eso yo grito ¡Por el amor de dios! Y señalo una estructura de hierro que estaba en el pecho y parte de la espalda del gorila. Es esto, es esto, dice Brenda con los ojos bien abiertos. ¿Cómo rayos le vamos a sacar esta cosa? Pregunta Kala. ¡No sé! Respondemos Jane y yo a coro. A ver veamos, veamos, dice Lungelo, mirando de aquí para allá nervioso. Tshidi, tienes que calmarlo, dice siyabulela mirando a un angustiado bantú que intentaba quitarse la estructura metálica de su pecho. Tranquilo, tranquilo. Le digo mientras lo miro a los ojos y acaricio sus hombros. Lentamente el angustiado gorila se iba calmando, jamás dejé de mirarlo. Esos ojos marrones profundos me causaban tanta seguridad y tanto respeto…
No podía explicar mi sentimiento en aquel momento. Ya está, lo calmé, digo a Siyabulela. Mantenlo así, me responde. En eso, Jane y Kala, con ayuda de algunas herramientas logran quitar la estructura de hierro del pecho del gran simio. ¡Ya está, tranquilo, le susurro mientras continúo mirándolo a los ojos! En eso, miro las cadenas que aún continúan atando sus manos. Esto, las cadenas, le digo a siyabulela muy nerviosa. Yo me encargo, me responde. Continúa calmándolo, me dice Lungelo. En eso, siyabulela desata las cadenas y las manos del gorila quedan libres. Yo acaricio su hombro y su lomo sin dejar de mirarlo. Tendremos que dejarlo descansar, dice Jane. Tengo un buen lugar para que descanse. De inmediato, llegamos a un cuarto en el que había una enorme cama rodeada de hierbas tropicales y unos metros más adelante, había un abrevadero. Aquí estará a salvo, dice Jane. ¡Bantú, ven aquí, precioso! Llamo. De inmediato, el gran gorila viene hacia mí, intentando moverse con gran dificultad. Ven, acércate, le digo. lo ayudo a llegar hacia la gran cama. Descansarás aquí, dicen Kala y Jane. Al cabo de un rato, el gran Bantú ya descansaba, ya libre de ataduras. Brenda y yo estábamos charlando en el jardín. ¡Creo que me enamoré de él, digo mirando hacia el gran cuarto donde Bantú dormía plácidamente! ¿Te enamoraste, de ese gorila enorme? Me dice Brenda con los ojos abiertísimos. Si, sí, creo que así es, le digo calmándola. Esos ojos marrones profundos me cautivaron, digo suspirando. Nunca antes me sentí tan segura en mi vida. ¡Brendita, Tshidi, Vengan ya! Grita Siyabulela. ¡Ya despertó! Dice Jane quien estaba en el gran cuarto. ¡Bantú querido! Digo mirando hacia el enorme gorila que estaba sentado en la cama. ¿Te sientes bien? ¡Está más que bien! Dice Jane sonriendo. Ya come, ¿Ya? digo yo muy contenta. Si, se comió su ración de frutas y ahora míralo, está radiante, dice Kala quien estaba sentada junto a la cama. De inmediato, el gran simio se levanta, y se dirige al abrevadero. Ya va a beber, dice Lungelo expectante mirando hacia el agua. el gorila salta y se arroja al abrevadero. No, no creo que sea eso, creo que necesita refrescarse, dice Brenda. ¿Saltarás con él? Me susurra. De inmediato miro a los ojos de Bantú y sonrío. Si, sí. Le susurro a Brenda. De inmediato, me quito el vestido y salto al agua también. ¡Está loca! Dice siyabulela muy serio. No, no lo está, después te explicaré, dice Brenda Mirando a Siyabulela. Al cabo de un rato el gran gorila y yo nos encontramos en el abrevadero. Que guapo estás, le digo mirándolo a los ojos. El majestuoso gorila de inmediato me toma en un brazo y me recuesta contra el pecho. ¡La ama! Dice Siyabulela mirando hacia donde estamos Bantú y yo. ¡Te lo dije! dice Brenda sonriente. Luego, el gran simio me ayuda a salir del agua y él sale también. Siyabulela, James, Kala, Lungelo y Brenda nos miran sonrientes y aplauden. ¿Pasa algo? Digo yo muy sorprendida. Ustedes pasan, dice Brenda bailando por todo el lugar. ¡Son hermosos juntos! Dice James. ¡En eso, el gorila me vuelve a tomar en brazos y me vuelve a recostar contra el pecho! La está protegiendo de algo, dice Kala. En efecto, los guardias del zoológico de Chapultepec se habían enterado de todo y estaban ya en la puerta de la casa de Jane. ¡Están cerca! Dice Lungelo. ¡A correr! Dice james nervioso. No, No no no, no vamos a correr, dice Siyabulela. Brenda, Kala, Lungelo, ¡Jane, Síganme! Grita Siyabulela. En eso todos se van, solo quedamos James, Bantú y yo. En eso James se esconde en un armario, Bantú y yo nos escondemos bajo la cama. Mientras tanto, Siyabulela y los de más estaban alejando a los molestos guardias. ¡Ustedes no estaban preservando la especie, estaban prácticamente lastimando al pobre Bantú! Grita Jane enfadada. ¡Ustedes no son guardias, son asesinos! Le responde Kala. Al escuchar el alboroto, James sale del armario y se dirige hacia la calle donde todos peleaban con los guardias. Bantú, quien también escuchó el alboroto se dirige conmigo en brazos también hacia la calle. En eso, el gran y majestuoso primate se golpea el pecho con un puño, ruge muy fuerte y yo salto de sus brazos. ¡Ustedes no podrán con nosotros! Digo yo muy enfadada mirando a un guardia que tenía en sus manos unas esposas. ¡Bantú pertenece al zoológico, dice el guardia enfadado con las esposas preparadas en las manos. No, ¡Me pertenece a mí! Grité yo enfadada. ¡A la carga! Grita Kala. De inmediato, todos estábamos peleando con los guardias. James y Lungelo estaban peleando con el de las esposas, Brenda y yo con otro, y bantú, Siyabulela y Jane con otros dos. ¡Queda uno! ¡Se acerca! Grito yo. En eso, Kala, quien estaba dirigiendo la pelea se pone en posición, y el guardia muy molesto se le acerca. ¡Sorpresa! Dice kala mirando desafiante al hombre. ¡Ahora el que estará en cautiverio serás tú! Le dice amarrándolo con una cadena de acero. ¡Bien hecho! Grito yo mientras peleo con otro guardia. De inmediato, a la señal de Kala, Brenda le pone otra cadena de acero al guardia. Lo mismo hacen James, Lungelo y los demás. Un rato después llega la policía. De inmediato, un policía con rastas baja del camión. ¡Aquí está, una entrega especial para ustedes! Dice Lungelo. ¡Gracias! Los hemos estado buscando por mucho tiempo, Se hacían pasar por guardias de zoológico para traficar animales salvajes, dice el policía que inmediatamente sube a los hombres encadenados al camión. Cuando el camión ya se alejó, ¡Todos levantamos los brazos con gran felicidad! Bantú se golpeó el pecho y rugió victorioso y después me cargó en brazos. ¿Y ahora que vas a hacer? Dijo Brenda mirándome. Volveré a casa, con Él. Tendrá libertad, en mi enorme patio, y podrá estar conmigo para siempre, digo mirando a un bantú que me abrazaba y me acariciaba con su enorme mano. Ahora, el gran gorila y yo vivimos felices. De vez en cuándo James y los chicos vienen a vernos. Bantú aprendió a adaptar diálogos, y lo hacemos juntos cuando nos llegan diálogos nuevos. Ahora ya también tengo un compañero para actuar, ¡Es muy bueno en esto! Y en cuanto a los falsos guardias del zoológico, siguen en la cárcel, aunque le oí decir al policía con rastas que algunos murieron y que otros se suicidaron. En fin, todos estamos en paz ahora, y nunca jamás nadie nos volverá a molestar.
Fin.

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Por Zuluchild

Amo la música, la vida y mi familia. Cantar y tocar el piano son todo lo que está bien para mi :)

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